El viernes pasado estuve viendo la obra de teatro Juicio a una zorra interpretada magistralmente por Carmen Machi. La obra trata de reflejar la vida de Helena de Troya pero, por primera vez (ya era hora), la historia fue contada por ella misma y no por los que siempre escriben la historia, los ganadores. Escuchada desde su punto de vista, la vida de Helena resulta apasionante y se dota de razones que nos permiten ponernos en su lugar y darle el olvido que ella misma reclamaba al considerarse inocente de todos los cargos que le imputa la historia.
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| Helena de Troya y Paris |
Esta historia, que le atribuye todo el dolor de una guerra atroz de 10 años entre Troya y Esparta, obvia que lo único que hizo Helena fue “amar a un hombre por encima de todo” y que por querer cumplir la única decisión que había tomado en su vida ha sido vilipendiada, tachada de infiel, creadora de problemas, hacedora de tristezas, etc. A lo largo de la historia y con las continuas referencias a este personaje, el patriarcado ha sacado todas sus armas para proyectar que una mujer no tiene porque decidir su futuro, su maternidad, su estilo de vida, etc.
Pero también el patriarcado, el machismo y la masculinidad afecta a hombres (está claro que en una parte ínfima respecto a la mujer) que no nos sentimos cómodos en el rol hegemónico masculino y que abogamos por otro tipo de masculinidad, más sensible y más igualitaria.
Aunque hemos avanzado en las últimas décadas todavía no nos alejamos lo suficiente de las características dadas en 1976 por los psicólogos Robert Brannon y Deborah David para definir la masculinidad. Lo resumían de la siguiente manera: Un hombre no puede ser pasivo, ni vulnerable, ni emocional; por contar ha de ser importante, poderoso, superior a los demás, exitoso, respetado y ganar mucho dinero. Debe ser duro, impasible, autosuficiente, agresivo, capaz de esconder sus emociones y de enfrentarse a situaciones de riesgo utilizando la violencia.
Aplicado a la política, está claro que a los representantes públicos se nos exige la mayoría de los atributos reseñados anteriormente. El sistema patriarcal y el modelo de masculinidad, que se transmite principalmentee a través de la educación y la cultura, tiene unas bases muy sólidas y está extendido en toda la sociedad por lo que se hace difícil abstraerse de su aplicación ya que casi es demandado desde todos los sectores. En política municipal, el modelo imperante te obliga a que seas duro/agresivo con tus rivales, a que la confrontación de ideas (debates) se tengan que ganar o perder (jamás se te ocurra exponer con empatía o asertividad. Jamás), a que no te puedas equivocar o asumir una equivocación, a que no puedas decir “no lo sé” aunque no lo sepas y a que no busques confluencias sino confrontaciones. Desgraciadamente, este modelo ampliamente implantado en la sociedad también se impone en muchas mujeres dedicadas a la vida política por lo que es difícil plantear un sistema alternativo.
En el último pleno celebrado en el municipio, tardamos 7 horas y tuvo que ser suspendido sin haber terminado. La eternización de los debates, no para solucionar las cosas sino para ver quién los gana o evidenciar a la otra parte, la presencia de los medios de comunicación que trasladarán a la sociedad el “alto valor” de “darle caña” a tus “rivales” políticos (ojo, aquí los representantes políticos somos casi más víctimas que culpables), y la necesidad de sentirte importante, de transmitir valor (especialmente las formaciones ya que lo demanda la ciudadanía) hacen de nuestro salón noble un lugar muy masculinizado dónde es difícil que se den comportamientos como la piedad, la bondad, la nobleza o similares que nos ayudarían seguro a conseguir mejores resultados para el municipio.
Todo esto no lo veo como algo excesivamente negativo. Creo que puede dar paso a algo mucho mejor. Los hombres tenemos que ir deshaciéndonos de las losas que arrastramos desde hace años e ir propiciando un modelo de masculinidad alternativo adquiriendo para ellos otras actitudes ligadas a la feminidad. El escritor Italo Calvino decía que existía un infierno en el mundo de los vivos y que existían dos maneras de no sufrirlo:
“La primera es aceptar el infierno y convertirse en parte de él hasta el punto de dejar de verlo ya. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio”
“La primera es aceptar el infierno y convertirse en parte de él hasta el punto de dejar de verlo ya. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio”
Para ir consolidando el modelo de masculinidad alternativo en la sociedad, en la política, en la corporación municipal, etc., habrá que tratar, como diría Calvino, de saber quién y qué, en medio del patriarcado, no es patriarcado, y hacerlo durar y darle espacio. Exige también atención y aprendizaje continuo. ¿Se animan?
