El Everest en Nepal es la montaña más alta del mundo (8.848
metros). Aunque ya coronada por más de
3.000 personas, llegar a la cima sigue siendo el gran reto para todas las
personas que se dedican al montañismo.
En un concierto Ismael Serrano contó (no sabemos si
es real, si es leyenda o si es un invento para inspirar a artículos de opinión
como este) que hace unos años una expedición japonesa partió para coronar El
Everest. Acompañados por los sherpas
(pobladores del Himalaya que guían en la subida a la cima) se encontraron, a más de 8.000 metros, a dos alpinistas moribundos. Pasaron de largo sin prestarle ayuda ya que
las condiciones meteorológicas eran durísimas. Fallecieron. Los sherpas nepalíes no podían entender como
no habían auxiliado a los dos alpinistas y contaron lo que vieron cuando llegaron al
campamento base.
La actitud insolidaria de la
expedición japonesa armó mucho revuelo. El jefe de la expedición tuvo que dar
explicaciones. Dijo de manera tajante que “a
8.000 metros de altura no se puede tener moral” Que la historia sea cierta
o no, es lo de menos. Lo que me preocupa
es que nuestros gobernantes/dirigentes toman decisiones y actúan como si estuvieran
a 8.000 metros de altura. Veamos algunos ejemplos.
Los bancos, que reciben ayudas
públicas, no les tiembla el pulso para pedir la ejecución de un desahucio y
dejar a familias sin recursos en la calle; el gobierno ni pestañea cuando compra material de Defensa y cierra plantas de
hospitales, quirófanos, colegios, etc.; el presidente de la CEOE en Tenerife
dice que hay que despedir a más de 5.000 empleados públicos, la troika propone jornada laborales de 13
horas y 6 días semanales, etc.
Los trabajadores, las
pensionistas, los pibes de barrio, las estudiantes, los desempleados, en
definitiva, los que vivimos a pie de calle somos los que sufrimos las consecuencias
de las decisiones que se toman a 8.000 metros de altura. Somos nosotros y nosotras las víctimas de su
insensibilidad y su falta de moral. Por
ello es necesario, no subir nosotros a donde no hay moral, sino bajarlos a
ellos a la realidad para que tomen decisiones,
tal como siempre lo hemos hecho nosotros, preocupándose, por el trabajador, por la
pensionista, por el pibe de barrio, por la estudiante o por la desempleada.
Una buena oportunidad para
bajarlos es la huelga general del 14 de noviembre. Si ese día nos juntamos los
trabajadores, las pensionistas, los pibes de barrio, las estudiantes, los
desempleados, en definitiva, los que vivimos a pie de calle, seguro nos oirán
desde allá arriba y sabemos de sobra, la historia lo ha demostrado, que todos
los gigantes tienen los pies de barro. ¿Nos animamos?