Nueva York.
Si lees Historias de Nueva York de
Enric González (RBA Editores), al margen de disfrutar de una de las lecturas
más amenas que recuerde, probablemente te entren ganas casi incontrolables de
visitar la Gran Manzana. Comienza la lectura diciendo que cuando en Nueva York
son las 12.00 de la mañana, en Europa son las 08:00 pero de diez años antes.
Con un inicio tan sugerente, ¿cómo no seguir leyendo? Pero ojo, no te vas a
encontrar aquí una guía al uso. No encontrarás los mejores sitios o más baratos
para hospedarse, como moverte en transporte público, las mejores atracciones
turísticas etc. Son las experiencias del autor cuando estuvo trabajando de
corresponsal para El País y, como él
mismo dice, la mayoría de conocimientos son “perfectamente innecesarios”. Aquí sabrás cosas mucho más triviales e importantes
(así de contradictorio es): sabrás porqué en Nueva York debes ser un tipo con
suerte, donde toca Woody Allen todos los lunes el clarinete, donde se come la
mejor carne (pedirla muy hecha es motivo suficiente para que te echen del
restaurante), donde tomó el poeta Dylan Thomas su último whysky o el porqué la
pasión de los neoyorkinos por los rascacielos.
El autor dice que a los turistas
se les reconoce en Nueva York porque van con la boca abierta. A los lectores
del libro quizá le pase lo mismo.
Barcelona
Si tienes las vacaciones
planificadas y pagadas no leas Victus de Albert Sánchez Piñol.
Perderás el dinero ya que probablemente cambiarás y te querrás ir a
Barcelona. Descripción muy pormenorizada
del asedio a la ciudad catalana por parte de las tropas borbónicas y francesas
en 1713-1714 y que puso fin a la guerra de sucesión española. En esta novela,
ya era hora, los protagonistas no son los reyes, duques, gobernadores, etc. El
protagonismo es para los hombres y mujeres de a pie que dejaron sus comodidades
para defender sus casas y sus derechos adquiridos sin más formación y material
que sus ganas por mantener sus libertades. Resistieron más de un año bajo el
mando del inmenso, valiente, bueno y solidario general Villarroel.
Si en cambio has estado en
Barcelona, no pasa nada. Después de leer la novela la verás con otros ojos. La
ciudadela, el puerto, sus gentes, etc., tendrán otra dimensión después de haber
disfrutado Victus.
Para terminar, sólo te pido una
cosa. Después de visitar sus principales atracciones (Sagrada Familia, La
Pedrera, Ramblas, La Boquería, etc., ) y en honor a la novela y al magnífico
general, visita, la Calle Villarroel.
Se lo merece.
Argentina
Se dice que el fútbol es una
extensión exagerada de la vida. Nada lo refleja mejor que el magnífico cuento El
Viejo Casale (también llamado 19
de septiembre de 1971) de Roberto Fontanarrosa, el gran autor argentino
capaz de unir la cultura con el fútbol, dos conceptos que por aquí nunca han
ido de la mano.
El cuento narra el derbi de los
dos equipos de Rosario (Newells Old Boys y Rosario Central) que se disputaban
en Buenos Aires. El Viejo Casale,
hincha de Rosario, nunca había visto perder a su equipo pero esta vez no podía
asistir al partido por problemas del corazón. Era un mal presagio para los
hinchas de Rosario. Tenían que evitar ese mal fario y se las ingeniaron, con
modos en principio poco loables, para que pudiera asistir.
Si quieren entender esa pasión
que tienen los argentinos en todo lo que hacen, ese amor y lealtad por unos
colores, ese entusiasmo por los deportes populares, por la literatura, etc., no
se vayan a las enciclopedias ni a estudios sociológicos. Lean este cuento.
Seguro que le entran ganas de vivirlo.
Sudáfrica
En uno de sus últimos cumpleaños, ante la
lluvia de elogios sobre sus logros conseguidos en igualdad, lucha contra la
pobreza, etc., por parte de de todos los
invitados, Nelson Mandela se levantó y mirándolos fijamente les dijo: Ahora les
toca a ustedes.
La novela que mejor refleja la
grandeza de esta persona es El Factor Humano de John Carlín
(habitual columnista en El País) y narra como un partido de rugby (la final entre
Sudáfrica y Nueva Zelanda en 1995) sirvió para reconciliar y cerrar la herida
cultural y racial existente en el país africano.
Si te fascina la figura de
Mandela, su lucha por la igualdad, su capacidad para la reconciliación, etc.,
no dejes de leer esta novela y tampoco de visitar el país africano. Museos (su
antigua casa en Johannesburgo), estatuas, leyendas, etc., hacen mantener en el
tiempo para que no se olvide su obra por la igualdad social. Pero no nos confundamos, la mejor manera de
defender su legado no es únicamente visitando
estos lugares sino luchando por un mundo más justo. ¿Nos atrevemos?
Como mínimo,
empecemos por la novela.

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