Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos, Eduardo Galeano
Hace unos meses, en un artículo
de opinión hablaba de las dificultades de acceso que tienen las clases
populares (estratos bajos o medios bajos) a cargos de responsabilidad política
tanto a nivel municipal, insular, autonómico, estatal o europeo. Dichas dificultades
se reproducen en el acceso a los órganos de dirección en los partidos
políticos. A pesar de que representan una pequeña parte de la sociedad, las instituciones están pobladas de
profesionales liberales (abogados y médicos principalmente), funcionarios/as
(sector de la docencia principalmente), y empresarios. Es muy raro ver en una
institución como cargo electo a un agricultor/a defendiendo las políticas
agrarias, un camarero/a defendiendo las políticas turísticas, una joven sin
vivienda y sin empleo defendiendo medidas de emancipación, un inmigrante
defendiendo políticas de integración, una
persona con discapacidad diseñando una ciudad accesible o un pibe de barrio
pidiendo la misma atención que la zona centro.
Esta poquísima representación que
tienen los sectores más bajos en la política institucional y en los partidos
políticos, ayudado por el poco acceso que tienen a los grandes medios de
comunicación, hace que temas de vital importancia para mejorar su calidad de
vida pasen totalmente desapercibidos. El gran escándalo en este país y en
Canarias debieran ser los recortes en el sistema público de Servicios Sociales.
Pero como los que lo sufren no están en los salones de plenos, ni en las
sesiones del congreso, ni en los medios de comunicación, ni la mayoría tienen
perfil en las redes sociales, ni tampoco les llega mucha información, pues
pasan casi que por alto.
En 2012 el Gobierno de Canarias
recortó un 50% (si leen bien, un 50%) las asignaciones a los ayuntamientos del
Plan Concertado de Servicios Sociales que es la herramienta para trabajar con
los más desfavorecidos en los ayuntamientos. Ese mismo año, la ministra Ana
Mato redujo su aportación al ayuntamiento del Puerto de la Cruz para Servicios
Sociales en más de un 50%. Es decir, el sector más desfavorecido de la
sociedad, el más afectado por la crisis es al que más le han recortado con más
de un 50%. ¿Qué hubiera pasado si el Estado recorta más de un 50% en Sanidad y
en Educación (servicios que utilizan también los sectores más pudientes y la
clase media)? Pues probablemente hubiera sido portada en todos los medios y la
gente hubiera salido a la calle y las mareas verdes y rojas se hubiera hecho
todavía más multitudinaria. (algo que celebraría enormemente)
También, en estos días leo que el
Gobierno de Canarias se ha quedado sin fondos para pagar la Prestación Canaria
de Inserción (PCI) que es la ayuda básica para aquellas familias que no estén
cobrando nada. La noticia apenas ha transcendido en los medios ni tendrá
consecuencias políticas ya que los que la sufren (familias en exclusión social)
no están muy cohesionados ni organizados para dar una respuesta. Tampoco en las
instituciones, salvo excepciones, tienen altavoces que lleve su voz indignada
donde se toman las decisiones. Mientras a los que no tienen casi nada, los
desvalijan y lo dejan absolutamente sin nada, en la opinión pública mayoritaria
lo que preocupa es si hay que eliminar o no el Senado, que si a Pepe Blanco se
le prejuzgó, etc.
Por todo ello, creo que es importante
que asumamos todas las organizaciones de izquierdas (en IU se han hecho avances
enormes) el lema de “que el miedo cambie de bando” y que los que empiecen a
sentir miedo por la crisis sean los poderosos, los millonarios. Para ello es
necesario una apertura de los partidos a los sectores más desfavorecidos ya que
sin ellos no hay procesos fuertes de transformación social (la participación de
estos sectores en la PAH es un ejemplo de la fuerza que coge el movimiento si
cuenta con ellos).
El filósofo Séneca en uno de sus
escritos (Sobre la Clemencia, 55 d.C)
reflexionaba sobre la conveniencia de vestir de manera diferente a los
esclavos. Dijo que no sería positivo pues si los esclavos se vestían de manera
diferente podrían ver los muchos que eran y contar a los pocos poderosos y eso
era una amenaza. Sirvan estas líneas y esta reflexión para llamar a perder el
miedo. Somos muchos más. Si nos vistieran de manera distinta seguro que los
contábamos y se nos quitaba el miedo.

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