viernes, 19 de julio de 2013

Séneca, la política, los servicios sociales y las clases populares.

Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos, Eduardo Galeano

Hace unos meses, en un artículo de opinión hablaba de las dificultades de acceso que tienen las clases populares (estratos bajos o medios bajos) a cargos de responsabilidad política tanto a nivel municipal, insular, autonómico, estatal o europeo. Dichas dificultades se reproducen en el acceso a los órganos de dirección en los partidos políticos. A pesar de que representan una pequeña parte de la sociedad,  las instituciones están pobladas de profesionales liberales (abogados y médicos principalmente), funcionarios/as (sector de la docencia principalmente), y empresarios. Es muy raro ver en una institución como cargo electo a un agricultor/a defendiendo las políticas agrarias, un camarero/a defendiendo las políticas turísticas, una joven sin vivienda y sin empleo defendiendo medidas de emancipación, un inmigrante defendiendo  políticas de integración, una persona con discapacidad diseñando una ciudad accesible o un pibe de barrio pidiendo la misma atención que la zona centro.

Esta poquísima representación que tienen los sectores más bajos en la política institucional y en los partidos políticos, ayudado por el poco acceso que tienen a los grandes medios de comunicación, hace que temas de vital importancia para mejorar su calidad de vida pasen totalmente desapercibidos. El gran escándalo en este país y en Canarias debieran ser los recortes en el sistema público de Servicios Sociales. Pero como los que lo sufren no están en los salones de plenos, ni en las sesiones del congreso, ni en los medios de comunicación, ni la mayoría tienen perfil en las redes sociales, ni tampoco les llega mucha información, pues pasan casi que por alto.  

En 2012 el Gobierno de Canarias recortó un 50% (si leen bien, un 50%) las asignaciones a los ayuntamientos del Plan Concertado de Servicios Sociales que es la herramienta para trabajar con los más desfavorecidos en los ayuntamientos. Ese mismo año, la ministra Ana Mato redujo su aportación al ayuntamiento del Puerto de la Cruz para Servicios Sociales en más de un 50%. Es decir, el sector más desfavorecido de la sociedad, el más afectado por la crisis es al que más le han recortado con más de un 50%. ¿Qué hubiera pasado si el Estado recorta más de un 50% en Sanidad y en Educación (servicios que utilizan también los sectores más pudientes y la clase media)? Pues probablemente hubiera sido portada en todos los medios y la gente hubiera salido a la calle y las mareas verdes y rojas se hubiera hecho todavía más multitudinaria. (algo que celebraría enormemente)

También, en estos días leo que el Gobierno de Canarias se ha quedado sin fondos para pagar la Prestación Canaria de Inserción (PCI) que es la ayuda básica para aquellas familias que no estén cobrando nada. La noticia apenas ha transcendido en los medios ni tendrá consecuencias políticas ya que los que la sufren (familias en exclusión social) no están muy cohesionados ni organizados para dar una respuesta. Tampoco en las instituciones, salvo excepciones, tienen altavoces que lleve su voz indignada donde se toman las decisiones. Mientras a los que no tienen casi nada, los desvalijan y lo dejan absolutamente sin nada, en la opinión pública mayoritaria lo que preocupa es si hay que eliminar o no el Senado, que si a Pepe Blanco se le prejuzgó, etc. 

Por todo ello, creo que es importante que asumamos todas las organizaciones de izquierdas (en IU se han hecho avances enormes) el lema de “que el miedo cambie de bando” y que los que empiecen a sentir miedo por la crisis sean los poderosos, los millonarios. Para ello es necesario una apertura de los partidos a los sectores más desfavorecidos ya que sin ellos no hay procesos fuertes de transformación social (la participación de estos sectores en la PAH es un ejemplo de la fuerza que coge el movimiento si cuenta con ellos).

El filósofo Séneca en uno de sus escritos (Sobre la Clemencia, 55 d.C) reflexionaba sobre la conveniencia de vestir de manera diferente a los esclavos. Dijo que no sería positivo pues si los esclavos se vestían de manera diferente podrían ver los muchos que eran y contar a los pocos poderosos y eso era una amenaza. Sirvan estas líneas y esta reflexión para llamar a perder el miedo. Somos muchos más. Si nos vistieran de manera distinta seguro que los contábamos y se nos quitaba el miedo. 

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