Pensando sobre el individualismo que se da en la sociedad y en las organizaciones (entendidas estas como un sujeto) me vino a la mente El dilema del prisionero (discúlpenme el atrevimiento los expertos en ciencias sociales) y su aplicación práctica. Me explico: la teoría de juegos es una rama de las matemáticas que estudia el comportamiento de los individuos cuando interactúan entre ellos. Dentro de la teoría se encuentra el dilema del prisionero que básicamente estudia, en cientos de casos cotidianos, si es mejor perseguir tu propio interés o los intereses de la mayoría
Supongamos (caso clásico de El dilema del prisionero) que dos personas han robado un banco. Por una casualidad (no llevaban puesto el cinturón u otra que se les ocurra) la policía les para y al registrar su coche ven el dinero en las bolsas. Son detenidos pero no hay pruebas fiables para culparles. Para que uno no sepa del otro, los llevan a dos celdas distintas y el oficial le ofrece el mismo trato a los dos: “si confiesas que tu amigo hizo el robo te quedas libre y a él le caen 10 años. Si no confiesas y lo hace tu amigo, te caen los 10 años a ti; si los dos confiesan estarán 6 años en prisión cada uno y si los dos se callan sólo estarán en prisión 3 meses cada uno”
En este caso vemos como una actitud individualista (confesar que fue el otro para librarse) sería perjudicial para ambos (6 años de prisión cada uno). Lo mejor aquí sería cooperar y mirar por los intereses del otro. Ninguno de los dos confiesa y le cae a ambos la menor pena (3 meses). Esto se puede aplicar a cientos de casos cotidianos. Imaginen que todos nosotros perseguimos nuestro interés individual para hacer menos tiempo en cualquier gestión y dejamos nuestro coche en doble fila. Si todos pensáramos en aplicar el interés individual (muchos ya lo hacen) y aparcáramos en doble fila se colapsaría el tráfico y nunca podríamos llegar a la gestión pues los ya aparcados no podrían salir, el tráfico se ralentizaría y sería un caos. Aquí habría que pensar en el interés colectivo para que las cosas vayan mejor y no en el interés individual.
Estos dos casos muy básicos de El dilema del prisionero, nos enseña a que cualquier decisión es mejor tomarla no solo mirando nuestro interés individual sino el interés de todas las personas que nos rodean, incluso de gente que no conocemos e incluso (temas medioambientales) en aquellos/as que todavía no han nacido. Es decir, que lo mejor para cada individuo es hacer lo que sea mejor para todos ¿Pero pasa esto en la vida real? ¿Y en la política? Veamos.
En el último pleno, los partidos de la oposición presentamos 8 propuestas y ninguna fue aprobada (no me creo se que no haya una propuesta buena entre esas). También la mayoría de las propuestas del gobierno en plenos anteriores no son apoyadas por la oposición (tampoco me creo que no haya buenas entre ellas). Hay casos en los que hay diferencias ideológicas insalvables y es lógico que no se aprueben o no se apoyen propuestas pero en otros casos para marcar el sentido del voto creo que se imponen los intereses individuales de las organizaciones a los intereses generales. Y esto, como se demuestra en el dilema del prisionero, es peor para el municipio pero también peor para las organizaciones.
Aunque no nos rasgemos las vestiduras. Primar los intereses individuales a los colectivos se da también en la sociedad, (¿qué son las organizaciones políticas sino una extensión de la sociedad?) y se hace necesaria una mayor conciencia social para entender que en el interés de todos está el interés individual. Jean Paul Sartre decía que no vale con elegirnos buenos a nosotros mismos, sino con elegir un mundo bueno. ¿Y si lo intentamos?
Supongamos (caso clásico de El dilema del prisionero) que dos personas han robado un banco. Por una casualidad (no llevaban puesto el cinturón u otra que se les ocurra) la policía les para y al registrar su coche ven el dinero en las bolsas. Son detenidos pero no hay pruebas fiables para culparles. Para que uno no sepa del otro, los llevan a dos celdas distintas y el oficial le ofrece el mismo trato a los dos: “si confiesas que tu amigo hizo el robo te quedas libre y a él le caen 10 años. Si no confiesas y lo hace tu amigo, te caen los 10 años a ti; si los dos confiesan estarán 6 años en prisión cada uno y si los dos se callan sólo estarán en prisión 3 meses cada uno”
En este caso vemos como una actitud individualista (confesar que fue el otro para librarse) sería perjudicial para ambos (6 años de prisión cada uno). Lo mejor aquí sería cooperar y mirar por los intereses del otro. Ninguno de los dos confiesa y le cae a ambos la menor pena (3 meses). Esto se puede aplicar a cientos de casos cotidianos. Imaginen que todos nosotros perseguimos nuestro interés individual para hacer menos tiempo en cualquier gestión y dejamos nuestro coche en doble fila. Si todos pensáramos en aplicar el interés individual (muchos ya lo hacen) y aparcáramos en doble fila se colapsaría el tráfico y nunca podríamos llegar a la gestión pues los ya aparcados no podrían salir, el tráfico se ralentizaría y sería un caos. Aquí habría que pensar en el interés colectivo para que las cosas vayan mejor y no en el interés individual.
Estos dos casos muy básicos de El dilema del prisionero, nos enseña a que cualquier decisión es mejor tomarla no solo mirando nuestro interés individual sino el interés de todas las personas que nos rodean, incluso de gente que no conocemos e incluso (temas medioambientales) en aquellos/as que todavía no han nacido. Es decir, que lo mejor para cada individuo es hacer lo que sea mejor para todos ¿Pero pasa esto en la vida real? ¿Y en la política? Veamos.
En el último pleno, los partidos de la oposición presentamos 8 propuestas y ninguna fue aprobada (no me creo se que no haya una propuesta buena entre esas). También la mayoría de las propuestas del gobierno en plenos anteriores no son apoyadas por la oposición (tampoco me creo que no haya buenas entre ellas). Hay casos en los que hay diferencias ideológicas insalvables y es lógico que no se aprueben o no se apoyen propuestas pero en otros casos para marcar el sentido del voto creo que se imponen los intereses individuales de las organizaciones a los intereses generales. Y esto, como se demuestra en el dilema del prisionero, es peor para el municipio pero también peor para las organizaciones.
Aunque no nos rasgemos las vestiduras. Primar los intereses individuales a los colectivos se da también en la sociedad, (¿qué son las organizaciones políticas sino una extensión de la sociedad?) y se hace necesaria una mayor conciencia social para entender que en el interés de todos está el interés individual. Jean Paul Sartre decía que no vale con elegirnos buenos a nosotros mismos, sino con elegir un mundo bueno. ¿Y si lo intentamos?
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